SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Cerrando ciclos

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Nuestra psique necesita “cerrar”, “concluir” cada acontecimiento psicológico, pues todo aquello que no cerramos, que no damos por concluido, se mantiene como una carga energética, psíquica, que nos afecta en nuestra vida diaria, el inconsciente necesita elaborar ese dolor no trascendido.

Continuamente estamos experimentando situaciones que no terminamos de digerir, ej. duelos que no hemos sabido como afrontar, cosas importantes que no expresamos en su momento, cosas que no hemos devuelto, a veces no hemos ofrecido disculpas por situaciones donde agraviamos al otro, enojos que nos guardamos por el modelo social de “ser educados, o buenos”, a veces es necesario gestionar el perdón y no solo hacia otros, sino también hacia nosotros mismos, gran variedad de acontecimientos traumáticos, que han quedado cortados, sin resolver, relaciones que cerramos de manera drástica, etc., y nos creemos que esto ya pasó y que no nos afecta, que el tiempo los borrará, pero el tiempo sólo no es suficiente , en el inconsciente no existe el tiempo, y lo que padecimos a edades tempranas sigue está ahí como un presente vivo, que atrae situaciones con la misma carga emocional y energética, para que la resolvamos, integremos.

Creemos ilusoriamente que si no pensamos en ello,  esos acontecimientos se borran; pero no es así, lo que no he resuelto, está allí para resolverse, está tiñendo el presente y sale como impulsos, reacciones inconscientes, exageradas a veces ante la situación actual, es la sombra que se expresa…esas partes negadas, reprimidas que intentamos no dejar salir…pero se escapan por las rendijas del inconsciente…

El inconsciente tiene sus propios mecanismos para “digerir” situaciones difíciles, a igual que cuando comemos un alimento que nos sienta mal, el estómago tiene sus mecanismos para eliminarlo;  a veces necesitamos ayudarlo a hacer esa “digestión psicológica”, expresando nuestro sentir a la persona implicada, o bien escribiendo una carta donde comunicar nuestras emociones (sin enviarla), expresando sanamente las emociones, no huyendo de lo que sentimos, siendo auténticos con nosotros mismos,  hay muchas maneras de poder ayudar a nuestro inconsciente a elaborar estas situaciones inconclusas.

Tengamos en cuenta,  que nuestro inconsciente también dispone de una parte “sabia” y tiene una función reparadora, medicatriz, como la llamaba Hipócrates; el organismo sabe perfectamente como recuperar una quebradura del un hueso, sabe como regenerar un tejido dañado, etc., de la misma manera ocurre a nivel psicológico. 

Te acompaño en el proceso


                         Juana Ma. Martínez Camacho
                                       Terapeuta Transpersonal
                                (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
                             Especialista en Bioneuroemoción
                               (Instituto Español de Bioneuroemoción)
                             Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                               (Cellular Memory Release)
              

                             www.centroelim.org           Telf.  653-936-074

domingo, 30 de abril de 2017

El Verdadero Valor del anillo

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Un día se presentó ante un anciano que tenía fama de sabio, un joven con aspecto atribulado que de forma apresurada le dijo: 

“Maestro, estoy desesperado, me siento tan miserable que me faltan las fuerzas para emprender cualquier cosa. Pienso que no sirvo para nada y que mi vida es un fracaso. En realidad, nadie me escucha ni aprecia la buena intención de mis palabras. Me han dicho que vuestros remedios y enseñanzas son muy especiales. Estoy dispuestos a serviros en lo que necesitéis, pero por favor, guiadme, a la solución de mi problema. ¿Qué puedo hacer?”  

El anciano, sin casi mirarlo le dijo: “Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte ya que primero debo resolver mi propio problema. Quizás después...” Y haciendo una pausa agregó “Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver mi asunto con más rapidez y después, tal vez podría de ayudarte”. 

”De acuerdo Maestro”, contestó el joven con un rayo de esperanza, ¿”qué puedo hacer yo por ti”?  

El Maestro quitándose el anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda se lo entregó al muchacho y le dijo: “Este anillo debe ser vendido para pagar una deuda. Vete al Mercado y trata de obtener la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. ¡Vete cuanto antes y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas!”. 

El joven tomó el anillo y apenas llegó al mercado, empezó a ofrecerlo a las gentes que al principio lo miraban con interés, hasta que llegado el momento en que el joven pedía una moneda de oro, se desencantaban. Algunos reían, otros se daban media vuelta. Tan sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de ese anillo. 

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En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero dado que el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, rechazó la oferta. 
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado y sintiéndose abatido por su fracaso, regresó a la casa del sabio mientras se decía apesadumbrado:  
”Si aunque sea dispusiera de una moneda de oro, se la entregaría inmediatamente al anciano”. 

Entró en la habitación y dijo: “Maestro, lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo”. 

”Que importante lo que dijiste, joven amigo” -contesto sonriente el maestro- “Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve al mercado y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quieres vender el anillo y pregúntale cuanto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo”.   

El joven acudió raudo a un joyero, el cual examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: 
”Muchacho, dile al Maestro que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo”.  
¡¡¡¿”58 monedas”???!!! -exclamó el joven.- “Sí”, replicó el joyero, “ya sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente...”  

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El joven corrió emocionado a casa del Maestro a contarle lo sucedido. 
“Siéntate” -dijo éste después de escucharlo-  
“Tú eres como este anillo: Una joya, única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto”. 
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda. 

El muchacho se alejó de la casa sonriendo, mientras una parte muy profunda de sí mismo le decía:   ¿”Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor”? 
  
RECUERDA SIEMPRE TU GRAN VALÍA                                 



  
REFLEXIONES  

Al parecer lo que cuenta a la hora de ser valorados por los demás, no es tanto nuestras cualidades más destacadas sino el nivel de  autovaloración que uno tenga de sí mismo. En realidad, lo que uno se considere a sí mismo, es justamente lo que los demás le considerará. 

Si una persona se considera atractiva y exitosa, y si además piensa que su compañía es un verdadero regalo para los seres que la tratan, no cabe la menor duda de que los demás, antes o después, la considerarán y pensarán exactamente así. Ni más ni menos. 


El pensamiento es un instrumento creativo y el hombre se convierte en aquello en lo que piensa.  Sivananda 


Lo que hace años pensábamos que llegaríamos a ser en algún día futuro, bien sea en la profesión, en la afectividad, en la economía, en el desarrollo personal, en el poder de logro e incluso en la evolución espiritual, es justamente lo que hoy somos, ni más ni menos. Una consideración que sin duda, nos invita a dejar a un lado el “factor suerte” y asumir el poder creador de las propias creencias .

El listón y los límites se los pone cada cual en función de las creencias profundas de sí mismo y de sus propias posibilidades. En realidad uno mismo es creador, a menudo inconsciente, de su propio destino. 

En el relato de “El Anillo” sucede que mientras el muchacho piense que éste no vale, por más que trate de venderlo no transmitirá la carga de convicción a sus posibles clientes. 
Pues bien, el mismo proceso tiene lugar en la vida diaria con los sentimientos de seguridad o de inseguridad que acompañan a las acciones de la persona. 


No hay otra realidad que la que tenemos dentro de nosotros. Herman Hesse
 

El amor a uno mismo está en relación con el grado de confianza y estima que uno hace de su persona. Una infancia con deficiencia de la Vitamina de Amor o bien en la que se ha despreciado y negado al sujeto, será un escenario propicio a la escasa autovaloración con la consiguiente instalación de la inseguridad. 

Merece la pena dejar muy claro a los hijos y, en  general, a todos los niños, aspectos tales como que ellos son valiosos y amados, que realmente pueden hacer todo aquello que se propongan, que son muy queridos e importantes y que sus palabras y sus conductas merecen todo nuestro interés y respeto. 

Más tarde, cuando somos adultos, si nuestra autoestima no ha alcanzado el grado deseable, se convierte en una asignatura pendiente de la Inteligencia Emocional que conviene superar con sobresaliente ya que puede ser causa de dolor y tensiones soterradas que deben estar bajo control.  


Utiliza los talentos que poseas.  El bosque estaría muy silencioso si solo cantasen los pájaros que cantan mejor. Henry Van Dyck 


Conviene poner gran atención a las verbalizaciones totalizadoras con aspecto inocente que a menudo hacemos, como por ejemplo:

 “Qué tonto soy por no haber...” “Qué estúpido soy...” “Eres egoísta y torpe...”, “Soy incapaz de ...” “Siempre me pasa lo mismo, nunca aprenderé...” “yo nunca podré...” “Eres idiota...”  

Se trata de decretos negativos y reductores acerca de la identidad persona, y en realidad, aunque una parte de nosotros alguna vez “sea” eso, también en cualquier otra situación será lo contrario. Existen muchas partes o subpersonalidades de uno mismo, y todas tienen su momento y su función. 

Tengamos en cuenta que cualquier “decreto verbal” que hacemos acerca de nuestro ego personal, supone un mensaje a nuestro inconsciente que, a poco que se repita, se lo llegará a creer con suma facilidad con lo que procederá a conformar una creencia que, posteriormente, tenderá a convalidarse con pensamientos tales como:

 “Ya me parecía, compruebo una vez más que soy un inútil para...” o bien “Confirmo que logro todo lo que me propongo” 


Nuestra máquina de pensar se deja convencer por lo que sea, con tal de que se repita lo suficiente. George Gurjdieff 


Conviene evitar los decretos negativos que definen a nuestra persona y, en todo caso, cuando queramos referirnos a nuestros fallos, será más verdad el hecho de proceder  a mencionarlos en términos tales como: 

“Una parte de mí se muestra insegura o bien, Una parte de ti se comporta de forma muy egoísta... A una parte de mi le cuesta mucho... 

Observo que una parte de ti no puede...” Sin duda, esta forma de expresión será más real que las totalizaciones habituales de: 

“Eres un egoísta” o “Yo soy muy inseguro”.  

El hecho de proceder sensatamente a subrayarnos las cualidades positivas que reconocemos en nosotros y asimismo subrayarlas también en lo demás, no debe confundirse con la arrogancia sino con el sano refuerzo de los procesos internos elegidos como saludables. De esta manera, nuestra mente las tendrá más en cuenta y las integrará en muchas acciones inconscientes.

Por otra parte, el hecho de hacernos plenamente conscientes de nuestros logros, siendo benévolos con el propio proceso de aprendizaje existencial, supone también una manera eficaz de consolidar un buen nivel de autoestima.  

¿En qué he progresado hoy?  

¿Qué cualidades positivas he expresado en el día de hoy?  

Son dos preguntas que toda persona que quiera reforzar sus sentimientos de confianza y seguridad, debería formularse cada noche.

En el caso de que se quiera optimizar el citado ejercicio convendrá que las respuestas se realicen por escrito, durante un período de 40 noches. De esta forma, el sujeto se verá obligada a repasar mentalmente el día vivido y consolidar los aspectos que su propia estadística precisa para una correcta valoración de sí mismo y un incremento del nivel de confianza y seguridad. 


Una vida no examinada, no merece la pena ser vivida.  Socrates 


El mensaje de “amor al prójimo” que se transmitió a través de los Evangelios, a veces no ha sido bien entendido ya que ha sido distorsionados hacia un “no quererse a uno mismo” por aquello de no caer en la vanidad y en la arrogancia. Tal distorsión, lejos de incitar a la generosidad terminaba por la negación a uno mismo en supuesto beneficio de lo ajeno.
Una actitud que fue deteriorando la propia firmeza y asertividad de muchos creyentes, creando una gran inseguridad en el telón fondo de sus propios sentimientos. Esta errónea interpretación que, en muchos casos, sirvió para manipular, es particularmente triste, cuando en realidad, el mensaje del Evangelio fue “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. 

El término “como” señala implícitamente que aquella persona que no se estima ni valora a sí misma tampoco podrá considerar a los demás. Otra forma de decir que aquel que no se quiere a sí mismo, no puede querer a los demás. 

En la esfera de la propia identidad, conviene distinguir dos yoes: 

Por una parte, el yo superficial o ego que es de quien se habla en el relato, es decir, el que es susceptible de alta o baja autoestima. Se trata del  “yo persona” que ha sido conformado con los datos del carné de identidad y que se basa en un conjunto de memorias.

 Y por otra parte, existe el Profundo, la identidad esencial, el Ser, que es común a todos los sujetos y que puede ser definido como Espíritu, Consciencia, Totalidad, Infinitud...  


Una persona no es una cosa, ni un proceso, sino una apertura, un claro a través del cual, lo Absoluto puede manifestarse. Ken Wilber 


Para facilitar la comprensión de este concepto se puede pensar que así como todas las joyas de oro adoptan formas diferentes al salir del crisol, anillos, colgantes, pulseras... sucede que, cuando un día vuelven al crisol y de nuevo se funden, todas ellas siguen siendo lo que siempre fueron y nunca dejaron de ser: Oro. Una esencia que no ha nacido ni morirá, más allá de la forma temporal. 

De la misma manera sucede en los seres humanos. La identidad superficial, Raquel, Pablo, Cristina, Goyo... son como cada joya que emerge del crisol, es decir diferente de otros seres humanos, pero ninguna de esas personas ha dejado de ser lo que en realidad somos esencialmente todos: Luz, Océano de Conciencia, Espíritu. Algo que simplemente ES. 

Un anillo de oro tiene en todo momento, al igual que cada ser humano, una dimensión “persona” que, en el caso del anillo, caduca con la vuelta al crisol, y en el caso del género humano termina con la muerte del psicocuerpo. 
Y también cada anillo de oro y cada ser humano respectivo posee una dimensión esencial. En este caso, dicha esencia será el oro para el anillo y, a su vez, el Espíritu para el humano que por su Infinitud está más allá del tiempo y del espacio. 
En realidad, la esencia ni ha nacido ni morirá, ES. Y su acceso a Ello se logra tan sólo mediante una determinada experiencia de totalidad. 

El trabajo del ser humano tiene dos esferas de cultivo. 
Por una parte, el aprender a valorar su propio ego, desarrollando la aceptación y la estima a su propia persona como “entidad psicobiológica con las horas contadas”, y por otra, operar sobre la amnesia de la joya que se cree anillo y ha olvidado que es oro, que siempre fue oro, y que siempre será oro.  

Algunos lo nombran como la búsqueda de uno mismo, otros lo refieren como la búsqueda de Dios. Y en este sentido el hecho de trabajar por esta búsqueda es lo mismo que anhelar la propia Infinitud que no es otra cosa que anhelar un estado de conciencia.

Unos lo llamarán paz profunda y otros afirmarán que lo tenemos dentro, tal y como afirma la Escuela Taoísta al decir que:

 “el hecho de buscar a Dios es como buscar un buey cuando resulta que uno está montado en el propio buey”. 

En realidad, el llamado trabajo espiritual, más que elaborar conductas morales llenas de premios y castigos en un ambiente de “modelos ideales”, se basa en el descubrimiento de la verdadera identidad. 

El desarrollo espiritual por excelencia consiste en trabajar en el despertar de nuestra amnesia de infinitud, y culminar en la certeza de que tenemos un ego, pero sabiendo que no somos solamente ese ego, sino que, en realidad, somos Totalidad e Infinitud que “tiene” y se proyecta a través de un ego. 


El que no cree en sí mismo es un ateo. Anónimo 


Sin duda, algo que en virtud de nuestra amnesia de lo esencial, no se logra experimentar como no sea en momentos en los que nos vemos expandidos en la llamada “Gracia”. Es decir a través de Experiencias con mayúsculas que llegan a la vida de los seres humanos con cuenta-gotas y, a menudo, sin aparentes méritos especiales.  

Es por ello que si todavía no somos rozados por el ala de ese insólito ángel llamado “Milagro”, convendrá que nos rodeemos de “despertadores” que nos remitan al Recuerdo.


J.M.Doria


sábado, 22 de abril de 2017

EL ENFOQUE DEL TERAPEUTA TRANSPERSONAL

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El Terapeuta Transpersonal, se basa en dos enfoques fundamentales: El Trabajo Psicológico, y la Práctica Espiritual. Ambos enfoques, son necesarios, porque una cosa es la realización espiritual, “iluminación”, o sea el reconocimiento de nuestra naturaleza esencial, y otra es la integración, la actualización en la vida diaria de esto que somos (Esencia, Ser).

El trabajo espiritual , puede provocar una apertura profunda, que temporalmente nos libera de los condicionamientos, pero luego se vuelve a chocar con la reactividad emocional, los condicionamientos, la manera de funcionar mecánica y habitual, porque hay problemas psicológicos irresueltos, hay material inconsciente que puja por salir y nos hace actuar mecánicamente, impulsivamente, atrayendo las situaciones que se alinean con todos estos problemas psicológicos que no llegan a resolverse con la práctica espiritual, y que requieren de un trabajo psicológico.

Hay varios grados de realización espiritual, a veces, son sólo experiencias aisladas, pero otras, son experiencias más estables, que nos transforman totalmente. 
Pero en estos últimos casos, aunque se haya desarrollado una gran claridad, visión, poder interno, quedan enteros irresueltos una gran cantidad de complejos, impulsos reprimidos durante años, zonas inconscientes a la que la realización no llega, no le afecta, e incluso, a veces, esa realización, llega a reforzar viejas defensas y a utilizar la espiritualidad para escapar de las responsabilidades del mundo (bypass espiritual), y en casos, para manipular con el título de “espiritual” a las situaciones, personas, fomentando la separación, el distanciamiento.

La realización, no necesariamente va acompañada de la liberación, no transforma en sí misma la totalidad de nuestro ser, al no afectar las dimensiones del inconsciente.

El desarrollo espiritual, abarca dos aspectos:

** La realización, por un lado como acceso a la lucidez y a la transformación y aplicación de esa lucidez a nuestra vida diaria concreta.

** El trabajo psicológico, en el que se ayuda a alumbrar esas zonas oscuras de nuestra personalidad condicionada para tornarla permeable al ser superior, en este sentido es de gran ayuda y un complemento a la integración.

Pero se debe tratar de una terapia amplia, que ayude a desbloquear contracciones corporales, que nos ayude a purificarnos y acceder a energías más elevadas.

El trabajo espiritual, desidentificación de la personalidad y el despertar al Ser, es mucho más amplio que el trabajo psicológico, sin embargo es necesaria la integración psicoespiritual.

En la realización, la personalidad se dirige hacia el ser, liberando al yo condicionado.

En la transformación, se va integrando esa realización en los condicionamientos de nuestro cuerpo/mente hasta lograr impregnar toda nuestra vida a nivel personal y en la interacción interpersonal, convirtiéndose nuestra personalidad en un receptáculo limpio de la Verdad.

El trabajo psicológico apunta a la verdad relativa en lo personal, humano, en las relaciones con las personas, ayuda a desmontar las estructuras del yo, las identificaciones, los condicionamientos en los que se encuentra atrapada nuestra consciencia.

La práctica espiritual busca trascender estas estructuras, condicionamientos, etc., y revelar la vacuidad, nuestra esencia, de donde está surgiendo todo.

Así como la forma y el vacío no pueden separarse, el trabajo espiritual y el psicológico son dos facetas indivisibles.

En occidente, la cultura, la educación del niño, provocan una desconexión del fondo que somos, al ir formándose la estructura del ego, al ir instalándose los “modelos” de cómo debe ser el niño, cómo debe actuar, sentir, pensar…los condicionamientos, que hacen que el niño se distancie cada vez más de su esencia, de lo que es, de la fuente, perdiendo espontaneidad…, por ello es necesario , indispensable un trabajo psicológico, para conocer y desmontar la estructura de la personalidad de una manera gradual, eliminando, comprendiendo, soltando las imágenes falsas de sí mismo, lo que no somos, los autoengaños, las proyecciones, conociendo los mecanismos de defensa emocional, para luego trascenderlos y reconectar con el fondo, y permitir que cada vez más se exprese la esencia que somos a través de la forma.




Juana Ma. Martínez Camacho
Terapeuta Transpersonal- Centro Elim
(miembro Escuela Española de Desarrollo Tanspersonal)
juani593@hotmail.com
telf. 653-936-074

domingo, 26 de marzo de 2017

Infinita bondad hacia ti mismo


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Se trata de volver a la vida. Se trata de despertar a la gracia. Se trata de una amistad incondicional e infinita bondad hacia ti mismo. Se trata de poner a salvo, finalmente a salvo a todas esas olas tan poco amadas, no tomadas en cuenta del océano de ti mismo para que puedan finalmente arrastrarse fuera de las profundidades, de la oscuridad, fuera de todos los agujeros y grietas de la experiencia y salir a la luz, destellando y llenas de asombro.
Se trata de darte a luz a ti mismo, para que todos los pensamientos sean finalmente admitidos, todas las sensaciones, todos los sentimientos, todos los sonidos, todas las olas a las que habías etiquetado como 'oscuras', o 'malas', o 'negativas', o 'peligrosas', o 'pecaminosas' - al miedo, a la ira, al aburrimiento, a la duda, a la confusión, a la frustración, a la impotencia - para que lleguen a descansar, a respirar, a ser ellas mismas en el espacio que eres. No se trata de entidades separadas o enemigos, son tus más íntimas apariencias, y por eso mismo no pueden lastimarte, incluso si te lastiman, y eso es lo que en ocasiones olvidamos cuando tenemos prisa de 'arreglarnos' o por lo menos 'normalizarnos' a nosotros mismos.

Sí, todos estas arremolinadas y pulsantes energías de eso que llamamos 'vida' son bienvenidas en el espacio que eres, la inmensa Sala de Estar en la que toda la creación canta y baila y pinta la siempre cambiante imagen de este extraordinario momento...

- Jeff Foster

domingo, 5 de marzo de 2017

Reflexionando sobre el Perdon




Acusar a los demás de los propios infortunios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo demuestra que la educación ha comenzado.
No acusarse uno mismo ni acusar a los demás demuestra que la educación ha sido completada.
 Epícteto.

Lo que recibimos de los demás es, en gran medida, consecuencia de lo que emitimos. Sin embargo, cuando no aceptamos esta ley, tratamos de evadirnos culpabilizando a los otros de nuestras desgracias y diciendo: "cómo es de ruin", "lo que me ha hecho", "el mundo es injusto".

En realidad, "la culpa" es un programa virus que intoxica a la persona que lo sufre, haciéndola sentir amenazada y merecedora de castigo. Es por ello que dicho programa de culpa es tratado como una "patata caliente" que ha que pasar rápidamente a otra mano porque arde y aprieta.

La educación integral de un ser humano consiste en posibilitar la transformación de los actos automáticos y reactivos en libres y voluntarios. Se trata de hacer devenir conscientes tanto los propios procesos mentales como las acciones que, anteriormente, eran inconscientes.

Al poco tiempo de realizar dicho entrenamiento, las personas dejan de ser buenas o malas para ser consideradas, simplemente, personas con programas mentales más o menos aptos.
Conforme la educación avanza, logramos entender que tenemos una cierta responsabilidad en lo que nos acontece, tal vez, porque comenzamos a pensar que "si no nos gusta lo que recibimos, conviene prestar atención a lo que emitimos". Una consideración que nos obliga a mantener atención sostenida hacia nuestras actitudes que, a su vez, parecen ser las causantes principales de una gran parte de lo que nos sucede.

Conforme evolucionamos, terminamos por aceptar nuestra sombra y darnos cuenta de que tenemos que vivir con nuestros errores, nuestras limitaciones y aspectos que nos perturban.
Son momentos en los que se suprime el juicio condenatorio porque uno ya se ha vivido desde casi todas las posiciones, con lo cual, relativiza las posibles culpas y condenas que su mente proyecta. Se trata de un paso evolutivo en el que ya no dedicamos atención a formas de aversión ni a juicios críticos al otro, sino que la energía se reorienta hacia las soluciones que la convivencia demanda.

Solamente llegamos a culpar a los demás cuando todavía nos seguimos culpando a nosotros mismos. Sin embargo, cuando uno se acepta y perdona, llegando a saber que somos inocentes y que no existe la culpa ni existe culpable alguno en el Universo, se disuelve la rabia y se cierran las heridas internas.

Uno ha aprendido a comprenderse y, por extensión, a comprender todo programa mental que el ser humano ejerce. Un grado de lucidez que no le impide denunciar ni rechazar de su vida las conductas que le molestan o incomodan. Ya no se confunde cuando aparta de su entorno a personas cuyas maneras califica de insoportables, tal vez porque sabe que nadie es culpable de "llevarlas puestas".

La tolerancia se ha convertido en una cuestión de convivencia entre programas mentales que no tienen por qué generar condenas a la identidad global de la persona. Un corazón que, paradójicamente, así piensa, se ha librado del rencor y de la emoción reactiva. Y cuando a su vez, los propios procesos mentales han sido ya observados, somos capaces de entender la diversidad de motivaciones que en cada mente aflora. Un momento en el que ya puede afirmarse que la educación ha sido consumada.

 Del libro Inteligencia del Alma (J.M.Doria)




domingo, 12 de febrero de 2017

Despertar del sueño



Mientras vivimos en el sueño de la identificación, nos valemos de los sentidos físicos para percibir de manera limitada lo Real.

Nuestra existencia se arma con recuerdos del pasado, experiencias que hemos tenido, deseos, temores… vivimos atrapados en el tiempo, sin permitirnos funcionar naturalmente, perdiéndonos valiosos mensajes de nuestro cuerpo por no estar atentos, en el presente, en el ahora.

Vivimos de una manera mecánica, condicionada, y todo lo complicamos actuando compulsivamente, de manera reactiva, y creemos que eso es la realidad.

Mientras estoy identificado con lo que creo ser, no puedo elegir las respuestas más adecuadas, saludables a la situación porque sale lo automático, lo impulsivo, lo mecánico, por la fuerza del condicionamiento; y es que el pasado está tiñendo el presente, proyectándose en un futuro ilusorio, supuestamente mejor…

Todo cambia cuando suelto el tiempo psicológico y me instalo en el presente, viviendo momento a momento, vigilando, observando lo que pasa en mi mente y soltándolo. Observando los mecanismos reactivos que se ponen en marcha ante los estímulos externos, dándome cuenta que sólo son programas con los que venimos funcionando durante muchos años…

Al despertar, expresamos en muestra vida los valores del ser surgiendo la acción de manera espontánea, inspirada (no teñida por las emociones y pensamientos que se mueven en la superficie) independientemente de lo que acontezca, en una actitud contemplativa.

El despertar nos lleva a mirar la verdad directamente, descubriendo la inteligencia, la belleza, la energía y el amor que soy, la Realidad, ese potencial en vías de actualización, atestiguando todo lo que acontece desde la conciencia.

Una vez descubierta la Verdad, debo mantenerme allí donde la he visto, si quiero que ilumine mi vida, como un faro que alumbra el camino del navegante en la oscuridad del océano.

Cuando me despisto, me distraigo, se trata de observar esa distracción y volver a la contemplación con una actitud amorosa, para ello debo de tener una vocación por vivir desde la verdad y estar “vigilante” para darme cuenta. Mantenerme atenta a la luz que soy en lo profundo.

Luego que se va haciendo el camino, ese estado de lucidez se mantiene sin esfuerzo, lo mantiene la luz, y, al estar despierta, más lucidez, paz, alegría, espontaneidad y amor sin causa sentiré.

Para despertar a la Verdad es imprescindible hacer silencio de lo pensado, sentido, soñado, imaginado; un camino de soledad y silencio hacia el sí mismo, adentrándose en la aventura del descubrir.

Lo que nos separa de la Realidad es la mente entretenida con sus imaginaciones y sueños, se trata entonces de “girar” la mente y mirar hacia adentro, hacia la luz, y a partir de esa mirada despierta, el amor surge espontáneo inevitablemente.

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Vivir con Lucidez



“Cualquier aventura palidece hasta diluirse comparada con la belleza del despertar a la lucidez.”


Estar lúcida es abandonar la distracción de las imágenes, percepciones de los sentidos, pensamientos, palabras, soltar las creencias, los deseos, los miedos, para conectar con el silencio lúcido, con el darme cuenta de los errores y fantasías de la mente.

Estar lúcida es soltar toda forma particular, es no necesitar que las cosas, personas, sean de una manera o de otra, es no esperar un resultado concreto, es hacerme responsable de mi vida sin culpar a los demás, ni a las circunstancias de lo que me sucede.

Estar lúcida es estar consciente de la verdad, de que todo es como es, que la felicidad no me la puede dar ni quitar nada del “exterior”, que no puedo cambiar a nadie y que todo lo que me sucede colabora a mi despertar, a mantener la lucidez, y comprender que las cosas no ocurren por azar, que todo está perfectamente diseñado por una inteligencia superior de la cual formo parte.

Estar lúcida es liberarme del sufrimiento, aceptar que en el mundo de las formas todo es dual, esa dualidad forma parte de la vida fenoménica (la mente es la que crea esa dualidad y la proyecta en el mundo), y que soy mucho más que ella; es desapegarme y comprender la verdad más allá que las situaciones sean favorables o desfavorables (es la mente la que las etiqueta, en sí mismas, las situaciones son neutras), comprendiendo que en todo funciona un orden superior, la inteligencia de la vida, que es la que actúa a través de todo lo que existe.

Mediante la lucidez comprendo que soy libertad, amor, paz, alegría, plenitud que no depende de las condiciones externas, soy conciencia, el Ser.

La vida es como una película y cada uno de nosotros los actores, cada cual interpreta el papel que le corresponde, la inteligencia superior “asigna” los papeles a cada personaje para que desarrolle su argumento, pero sin confundir que solo estamos interpretando un papel, que no somos el personaje, que somos el actor, el ser, que mi identidad está más allá de los sentidos, de las proyecciones, de lo que sucede en el existir.

Todo lo que me sucede es para ver, descubrir y comprender, todo es adecuado, más allá del “bien” y del “mal”, y todo me abre cada vez más a la lucidez. Una gran aventura: el despertar de la conciencia.

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