SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

sábado, 27 de agosto de 2016

Las experiencias como oportunidad de aprendizaje


La diferencia fundamental entre un hombre dormido y un despierto, es que el despierto lo toma todo como una oportunidad de aprendizaje, mientras que el dormido lo toma todo como una bendición o una maldición. Gurdieff

Muchas culturas han hablado de los seres despiertos como entes que interpretan los acontecimientos de su vida con un talante peculiar. 

El alma de un despierto ha sido entregada al impulso trascendente que mueve soles y mareas y sabe que es justo aquello que debe llegar en una no casual conjunción de fuerzas.

Cuando un despierto enfrenta problemas, por difícil que parezcan, sabe que éstos incrementan su aprendizaje y actualizan su poder, iluminando lo que venga.

Para el despierto ya no hay buena ni mala suerte, ni culpables ni inocentes, ni queja alguna por lo sucedido con apariencia de desgracia. Tan sólo reconoce un flujo de vida detrás de todas las cosas que, a través de luces y sombras, forma una conjunción perfecta.

Para el despierto, el mundo es la plataforma de desarrollo en la que practicar el gran juego del despertar de la consciencia. La vida de cada día ya no es buena ni mala, simplemente es oportunidad de aprendizaje y expansión de una visión que todo lo abarca.

Se trata de seres humanos que, en un momento del camino, se orientaron a la Transparencia. Desde entonces, nada es casual en sus vidas ni en sus obras. Sienten que las piezas encajan y que todo lo que llega sirve para dinamizar el crecimiento y actualizar potencialidades insospechadas.

El despierto, antes de conquistar tal rango, era un ser común, alguien a quien asaltaba la congoja, el miedo y la incertidumbre en los días de tormenta. Su vida no tenía gran sentido y cada mañana, al despertar no sentía resortes que lo separaran con entusiasmo de la almohada. 

Tan sólo vivía trabajando para sostener el esquema y seguir la senda que le ofrecieron los que, como él, caminaban a ciegas. Cada día que pasaba, sentía estancamiento y contradicción y, sin embargo, no veía salida ni puertas abiertas. 

A veces, pensaba que la vida era una "enfermedad por transmisión sexual", otras, se pensaba como un insatisfecho que no merecía lo que ésta le daba. A menudo, temía vivirse en un ser inmaduro que con nada se contentaba. Así pasaban los días y las noches, sintiendo que, aunque sucedían muchas cosas, de lo que en realidad le importaba, no pasaba nada.

Mientras tanto, en lo profundo de su ser, se abonaba la semilla del despertar, el núcleo lúcido que late silencioso y amigo en el seno del alma.

Tras un ciclo de crisis, llega un día con apariencia de otro cualquiera en el que la semilla se despliega y despierta su consciencia.

De pronto, tiene la certeza de que su vida ya no será igual y que los viejos problemas ya no le afectan. Ahora sabe con certeza que su destino no será como apuntaba su vida pasada. Ahora se siente libre y lleno de posibilidades insospechadas. Se han disuelto las resistencias al cambio y se han evaporado las dudas intelectuales acerca de la plenitud y la trascendencia.

El recién despierto emprende una peregrinación sutil mientras se ocupa de los asuntos de la materia. Un camino Mayor que le guiará a sucesivas ampliaciones de su mirada.

Busca el rastro de sabiduría que le lleve al Recuerdo mientras suelta viejas costumbres y establece nuevas relaciones más en sintonía con su alma. Su camino ya es por dentro y por fuera, ahora ya maneja la sensibilidad y la ciencia.

Se siente cómplice de una intuición que le da señales al despertar, cada mañana. El despierto ya es consciente y fluye por entre los pliegues de lo que subyace tras las apariencias.

                              Texto de "Inteligencia del alma" (J.M.Doria)
                               www.centroelim.org




lunes, 15 de agosto de 2016

¿En qué consiste nuestra libertad? A. Blay


La libertad no consiste, como se nos ha dicho muchas veces, en que podemos hacer lo que queremos. Esto resulta muy halagador, pero no es cierto; podemos, es verdad, hacer algo por nosotros mismos, más no del modo que solemos pensar.

 Inicialmente, en el aspecto material, no somos más que una célula. Todo lo que llegamos a ser después nos lo incorporamos del exterior. Y esto ocurre no sólo en el plano fisiológico, sino también en todos los niveles personales.

De modo que toda la efectividad, todas las ideas son de algún modo producto de los materiales que nos vienen de fuera.
En realidad existen en nuestro interior unas fuerzas virtuales, que marcan ciertas preferencias, unas direcciones a nuestra estructura individual. Pero todos los elementos concretos, absolutamente todos, los extraemos del exterior.

De ahí podemos deducir la enorme influencia que tiene el ambiente en la formación, desarrollo y expresión de la personalidad.
Si bien nosotros contamos con estas fuerzas virtuales y las hemos actualizado incorporándonos tales elementos del ambiente, queda todavía por dilucidar otro factor: ante estas fuerzas y estos elementos, ¿dónde estoy yo?, ¿qué papel desempeña mi foco de referencia, mi eje personal?

Todos vivimos la experiencia de que en un momento dado, por ejemplo, nos situamos en un plano puramente instintivo, biológico, y en este preciso momento, cuando yo estoy situado en el plano biológico, las leyes que rigen para mí son únicamente las biológicas.

Cuando estoy en un nivel afectivo, para mí no existe más que amor-odio.

Y cuando me vivo sólo en un nivel mental, impera para mí el principio verdad-error.

En cada uno de estos niveles yo estoy determinado, en cada uno de ellos no puedo actuar de modo diferente de lo que es mi naturaleza en este nivel; por lo tanto, en cada uno de mis niveles no tengo libertad.

Lo que ocurre es que quizás yo sí pueda pasar de un nivel a otro, o vivir ciertos niveles desde otros más elevados.
Y esta posibilidad de desplazamiento voluntario de mi foco de conciencia es lo que no me viene dado ni por la herencia ni por el ambiente.

Por la herencia se me entrega una fuerza direccional interior, por el ambiente unos materiales, y con ambos elementos cada uno edificamos nuestros niveles físico-psíquicos, pero, ¿dónde queda el yo?, ¿en qué punto de mi estructura psíquica me encuentro libre?

Cuando me sitúo en un nivel, quedo determinado por las leyes de este nivel.
Por lo tanto no tengo libertad de acción en ninguno de los niveles mientras me estaciono en uno de ellos; lo que sí tengo, es libertad potencial para desplazarme de un nivel a otro, para seleccionar en qué nivel he de situarme, y, desde él, determinar mi conducta y mis estados.
Pero aún esto, no siempre, pues sólo puedo hacerlo mientras estoy despierto, atento, lúcido; cuanto más lúcido esté, mayor capacidad tendré para seleccionar el nivel en que quiero situarme.
Por el contrario, si no permanezco del todo lúcido, quedaré más o menos identificado por inercia en uno u otro de mis niveles de modo automático, y entonces tampoco tendré completa libertad.

La tercera dimensión es, pues, esta capacidad de desplazarme de un nivel a otro, que depende de la amplitud de conciencia, de la madurez interior. Según me sitúe se seguirá una resultante y esta resultante será inevitable.

En definitiva, lo que varía, dependiendo en cierto grado de mí, es el punto en que me coloco, que obedece a mi capacidad de situarme voluntariamente más arriba o más abajo.

En este sentido la libertad no consiste en hacer lo que uno quiere, sino, en el hecho de seleccionar qué escala de valores utilizaré en un momento dado.
Mi libertad, reside en la capacidad que tengo para no depender de unos niveles, para sustraerme a su influencia.

La libertad es, pues, la capacidad de disminuir el número de los condicionamientos que me determinan.

Cuando la persona deja de quedar automáticamente identificada con un nivel, está suficientemente despierta, lúcida, para poder desplazar su mente a otro nivel, a voluntad, y vivir desde allí; en este caso se libera de los niveles de los pisos inferiores.

Y según va ascendiendo en esta capacidad de liberarse de niveles, adquiere gradualmente conciencia de mayor libertad, libertad de no hacer, libertad de emanciparse: libertad igual a liberación.


  Extracto  de “La Personalidad Creadora”. Antonio Blay

sábado, 16 de julio de 2016

Aprender a vivir desde la Esencia

   

Centramiento (o estado de Presencia):   aprender a vivir desde la esencia 

"Si estoy Centrada  puedo "convivir" con las diferencias del otro, pues en el Centro veo que somos lo mismo, en mi centro estoy yo y el otro, y todo el universo.
Es cuando me despisto, me des-centro que me molestan las diferencias que se muestran en la personalidad, todo cambia cuando vuelvo a mi centro, desde allí puedo ver con claridad el funcionamiento de mi "personaje" y el funcionamiento del "personaje" del otro, y es todo como un "juego", o como "una obra de teatro", donde cada cual desempeña "su papel", "su personaje", y desde el Centro me doy cuenta que la "obra" es perfecta, y que no afecta en nada a esa profundidad que soy.
Puedo, en la "superficie", cambiar lo que quiera para que "la personalidad" se desempeñe mejor, pero lo que cambie afuera, no modifica para nada mi Centro, mi Esencia. 

Desde allí, desde esa profundidad que soy, ese Centro, brota todo lo que soy, el amor, la lucidez, la energía, todas las cualidades básicas salen de allí y se expresan en el mundo por medio de mis vehículos: cuerpo, mente, emociones.

En la medida que voy limpiando los "programas tóxicos" que ya no aportan a una vida saludable, programas/creencias instaladas en la niñez y alimentados posteriormente mediante la repetición automática (miedo, inseguridad, exigencia, perfeccionismo, dependencia emocional, etc), se va trasluciendo más ese fondo, se va limpiando el camino para que el Ser, el Centro, se exprese sin distorsiones en mi vida diaria concreta. 

El descubrir mi Centro, mi Esencia, es la real solución a los "problemas": experimentar que hay algo en mí que no es afectado por nada, ni por nadie y que es la fuente de donde surge todo, que es una fuente inagotable de amor, de inteligencia, de energía, donde puedo "descansar", desde donde puedo observar la vida sin juicios, sin dependencias, sin contrariedades, sin expectativas....

Cada vez que mi personalidad está "movida" por los vientos de la vida, observo desde el Centro; cada vez que me despisto con alguna situación externa o interna que despierta alguna "sombra", me Centro, porque es Centrada como puedo vivir esa situación, por dolorosa que sea, respirándola, observándola, llorándola, comprendiéndola y aceptándola,  integrándola, en definitiva Sanándola. 

También las situaciones agradables he de  vivirlas centrada, para recordar que “todo pasa” y no aferrarme a nada. Y todo este movimiento en la superficie no afecta a mi Centro (como las olas en la superficie no afectan el fondo del océano).

El secreto de una vida plena, serena, armoniosa, pacífica, a pesar de cualquier situación que esté atravesando, aunque la personalidad esté confundida y no sepa como "salir del embrollo", mas allá de estar bien o mal en la superficie (porque en definitiva, todo es pasajero, transitorio) es Centrarme, vivir cada vez más y más en mi Centro (Ser, Observador, Esencia), en la vida diaria, tanto en la actividad, como en el reposo, tanto si estoy sola como acompañada, mediante el estar atenta (sin juicios, solo observando) y cuando me doy cuenta que me vuelvo a despistar, vuelvo al Centro. 

Esto tiene grandes repercusiones a mi alrededor, cuanto más vivo desde ese nivel esencial,   más fácil me es conectar con el otro, comprender al otro, acompañar al otro....todo fluye cuando estoy centrada, y me doy cuenta que "no hay nada que hacer", en ese nivel "todo sale solo". 

Cuando me despisto, toda esa "magia" desaparece momentáneamente y me identifico con lo que le pasa a mi personalidad, con todas sus consecuencias de placer/dolor.....vuelvo a centrarme y otra vez la paz, plenitud...


                                                                          Juana Ma. Martínez Camacho
                                                                             Terapeuta Transpersonal




martes, 2 de febrero de 2016

La atención. Observación consciente.

                               



Lo primero para liberarnos de la identificación inconsciente, consiste en hacerla consciente, dar un paso atrás, que nos permita tomar distancia de la experiencia y así poder observar los pensamientos, creencias, formas de concebir la realidad. La solución para salirnos del sufrimiento y del dolor, está en el despertar del sueño, recuperar nuestra identidad esencial. La clave está en la atención sostenida.

La atención, es la facultad de dirigir la mente a algo, de ser conscientes intencionalmente; así como la consciencia es el hecho de simplemente darse cuenta de algo, la atención es el hecho de percatarnos de ello de un modo intencional. Esta dirección del foco de nuestra mente hacia algo, la atención, la venimos ejerciendo hace años, pero no la perfeccionamos, cambiamos constantemente el objeto de atención (necesidades, obligaciones diarias, etc.) y esto nos parece lo normal, a veces estamos atentos, y otras distraídos. La podemos dirigir hacia fuera, hacia adentro, hacia arriba, hacia la atención misma. He de descubrir que, la atención, soy yo mismo y que si en lugar de estar atento sólo a las cosas, estuviera a la vez atento a la atención, me acercaría más a la consciencia de sujeto, a la lucidez que hay en nuestro ser profundo. 
No se trata de introspección, ni tampoco de concentración, sino simplemente de tomar consciencia del gesto de estar atento,  mirando hacia su raíz y no solamente hacia su proyección exterior. Si queremos mirar la atención, hemos de mirar dentro de la mente, y desde ahí podemos ser conscientes de lo que vemos fuera y del sujeto que está mirando, ampliamos nuestra consciencia, nuestro campo mental, y así lo que percibimos y el sujeto que percibe, forman una unidad.


En la práctica de la atención, es importante no volverse de espaldas al exterior, el gesto es de apertura, para abarcar más, conviene llevar la práctica a cada momento de la vida, incluso si estamos aburridos, o descansando, porque yo como realidad estoy constantemente allí. Esta técnica básica y simple, produce la conexión de nuestra mente consciente con el centro, y una integración con toda la personalidad. Si sólo  trabajo una disciplina aislada, ejemplo sólo la meditación, o sólo el estudio filosófico, etc., ahondo sólo en un nivel de la mente; en cambio, la atención constante, integra paulatinamente todos los contenidos  y esto, es muy importante para la salud mental y la realización espiritual. Es importante el equilibrio de la personalidad, porque de lo contrario, cuando venga un nuevo torrente de energía, una nueva expansión de consciencia profunda o superior, puede producirse un trastorno en algún sector de la personalidad que esté menos sólido y menos equilibrado.

El desidentificarse de una situación, supone  despegarse, desprenderse de ella, porque nos impide vivir en equilibrio y  no supone actuar hacia fuera, modificando el exterior, sino un trabajar hacia dentro, desviando la atención del objeto que nos altera y dejando pasar tiempo para enfriar las emociones y, al recuperar el silencio interno, la calma, poder actuar correctamente, es aflojar la relación interna de dependencia con lo que sucede. El desapego con mayúsculas se da cuando reconocemos nuestra identidad esencial, al ser que está más allá del tiempo, trascendiendo al ego. Para descubrir mediante la atención, esta realidad que somos, nos hemos de valer de la mente. 


La mente  por un lado es un obstáculo, y por el otro, es ayuda, instrumento primordial. 
Es un obstáculo, por la manera rígida, tensa, acelerada y superficial a que está acostumbrada a funcionar, porque necesita constantemente atender necesidades y exigencias del exterior, que son de gran valor para la persona, que no sólo pone interés e inteligencia  en solucionar sus problemas, sino que también pone miedo, ansia y hasta desesperación, quedando envuelta en mecanismos afectivos que son una traba. Al estar acostumbrada a pasar de un objeto a otro con rapidez, sin ahondar, sin ver con profundidad, con serenidad, cuando queremos comenzar a silenciarla, cuesta mucho trabajo. 
Otra causa que la convierte en un obstáculo, es que buscamos solucionar todos los problemas a través del pensamiento y el lenguaje, como lo hacemos con los problemas del mundo exterior; pero nuestra realidad interior, no podemos descubrirla mediante el pensamiento, sino por medio de otra de las muchas  capacidades que tiene la mente que es la lucidez de nuestro intelecto, la atención sostenida, que nos permite ahondar, descubrir cosas nuevas y es la que se necesita para un trabajo interior.

A.     Blay


jueves, 21 de enero de 2016

Mas alla de la dualidad


"La unidad se percibe en un estado de observación de la dualidad. El observador interior está mas allá del pensamiento dual"

Cuando tu meditas, cuando "observas" sin juicio los movimientos de la mente, los pensamientos, cuando observas las sensaciones corporales, cuando observas la naturaleza, etc, cuando esa observación es sin análisis, sin juicio, sin interpretación, sin aferrarte, solo observas, estas en una dimensión distinta de tu ser, que cuando estas analizando enredada en tus pensamientos, problemas, etc., esa parte tuya que observa sin juicios, le podemos llamar "el observador", o "el testigo interno", esa parte es una dimensión mas profunda, que escapa a la dualidad : lindo/feo, agradable/desagradable, bueno/malo, justo/injusto, etc. que no son mas que interpretaciones de nuestra mente dual.


Esta reflexión te invita a darte cuenta quien esta detrás de esa dualidad? quien es el que observa? acaso no es una parte tuya donde hay unidad en la observación, ya que no juzga, esa parte no se inclina por "esta bien/está mal", "me gusta/no me gusta", etc., esa parte de ti solo atestigua, observa...allí reside la unidad.... solo observa y conecta con esa parte profunda, porque ahi no hay división, ahi no hay ni placer ni dolor...al principio, llegamos a percibir esa unidad en la meditación, luego puedes llevar esa observación a tu vida diaria, y veras como todo cambia, ya no reaccionas de manera mecánica y condicionada a los acontecimientos, sino que desde esa observación, puedes elegir la manera mas adecuada de responder a la situación. 
                                                            Juani
                                                       

sábado, 16 de enero de 2016

Despertar el Observador


¿Te sientes con ansiedad, preocupación, tristeza, etc.?

Cuando te asalta un estado de ánimo que viene por pensamientos influidos por esquemas, patrones mentales, tiendes a buscar alternativas para salir rápidamente del estado. Quieres solucionarlo por medio del pensamiento, pero al ser el pensamiento mismo el que crea el estado, no puedes solucionarlo mientras estés atrapado en la mente.

Como dice Albert Einstein: “Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de consciencia en que se creó”. Si el problema surge de la mente, del pensar, debo “salirme” del pensamiento y despertar al observador, debo tomar consciencia, prestar atención.

El darse cuenta, la consciencia, tiene un gran poder curativo. El observar los mecanismos que hacen que adoptemos determinadas maneras de ser que no nos benefician, que nos invitan a estados emocionales insalubres; el darnos cuenta de los pensamientos, ideas, creencias, que dan origen al dolor y a tensiones, por viejas heridas irresueltas y que buscan salir a la superficie para ser “liquidadas”, ese darse cuenta, de por sí, es sanador, e invita a una profunda calma interior.

En Oriente, suelen afirmar que “un conflicto observado, es un conflicto resuelto”, este concepto se aplica también en psicología y, la física cuántica dice que el observador, modifica lo observado, si observamos una partícula subatómica, ésta se verá afectada en su carga y en su órbita, sólo por observarla.

La consciencia es el gran sanador.

El darse cuenta no tiene que ver con el pensar, es ir más allá del pensamiento, es observar el movimiento de la mente, es ser testigo de lo que está sucediendo en un plano superficial y pasajero.

El sólo hecho de darse cuenta de los programas mentales, nos lleva a la raíz de lo que ahora nos duele, nos preocupa, y nos permite hacer algo con ello, dejar de actuar mecánicamente, poder elegir pensamientos y acciones más saludables, saliendo del automatismo.

Se trata de despertar al testigo, a nuestra identidad Real, donde la dualidad no existe, desde donde surge el potencial que somos.

En la mente pensante, el ego, hay dualidad: bien/mal, placer/dolor, alegría/tristeza, etc., son como dos caras de una misma moneda, no podemos quedarnos con una sola cara y descartar la otra, es imposible; al igual, la mente dual, intenta aferrarse al placer, al bien, a la alegría, pretendiendo descartar el “mal, el dolor, la tristeza”, y no se da cuenta, que en ese plano no puede tener lo uno sin lo otro, que si tiene alegrías, tarde o temprano tendrá tristeza, que los estados son impermanentes, que hay que ir más allá de la mente, si uno busca trascender la dualidad, salir de la ilusión, debemos Aceptar la mente, las luces y las sombras de la personalidad e ir más allá, si queremos la plenitud, la comprensión, lo real.

Entonces: ¿te sientes ansioso, triste, desanimado.....?

CÉNTRATE, presta atención.

Hay una vieja anécdota sobre Bokuju, un maestro Zen:

Bokuju, vivía solo en una cueva. Durante el día, y a veces por la noche, decía en voz alta su propio nombre “Bokuju”, y luego se contestaba: “sí señor, aquí estoy” y no había nadie más.

Sus discípulos, que estaban muy intrigados, le preguntaban: ¿porqué te llamas a ti mismo “Bokuju”, tu propio nombre, y luego te contestas: “si señor, aquí estoy”.

A lo que el maestro Zen respondió: Cada vez que empiezo a pensar, tengo que recordar que debo estar alerta, entonces, pronuncio mi propio nombre “Bokuju” y me respondo “si señor, aquí estoy”, y el pensar con su carga de ansiedad, desaparece…

Al final de sus días, durante los últimos tres años, los discípulos advirtieron que el maestro dejó de pronunciar su nombre “Bokuju” y de responderse “si señor, aquí estoy”.

Un día, los discípulos le preguntaron:¿ maestro, porque no has vuelto a hacerlo?

Y el maestro respondió: es que ahora Bokuju siempre está ahí.

Esta historia, está tomada de The Book of Secrets, de Osho.


Cuando te sientas en un estado de ansiedad o cualquier estado “negativo”, puedes llamarte por tu nombre y responderte, verás una diferencia, ayuda a centrarte, la ansiedad desaparecerá, porque experimentarás que, más allá del estado, en un nivel más profundo y real, la ansiedad y cualquier otro estado, no existen, al ir al Ser, al centrarte, puedes observar el mecanismo y darte cuenta que eres muchísimo más que el estado de ansiedad, y que éste, como todo estado de la mente, es pasajero y efímero. Mientras estás en la mente, el querer salirte del estado, el resistirte a lo que te está pasando en el ahora, la falta de aceptación y querer solucionarlo rápidamente, no te da salida, te genera sufrimiento, porque estas todo tú en el estado, te conviertes en el estado, debes tomar distancia y observarlo, y para ello debes cambiar el nivel de consciencia, ir al observador, “salirte de la mente”, trascenderla; luego, podrás tomar las mejores decisiones y trabajar para “desinstalar” los patrones que ya no te sirven para una vida plena y en paz.

                                                                     Namasté 
                                                                         Juani

lunes, 11 de enero de 2016

El eterno Momento


Todo lo que es, fue y será, siempre es Aquí y Ahora. Es el eterno momento, sin tiempo; lo abarca todo, fuera de él no hay nada, es la vida. Este momento presente, sea cual sea su contenido, es lo único que es real.
El eterno presente es la conciencia de la unidad de todas las cosas, procesos y seres vivos.
Por lo general imaginamos y experimentamos la vida como una cadena de interminables momentos, donde un momento da paso al siguiente. Vivimos creyendo que viajamos del pasado hacia el futuro y que el momento presente es solo el nexo de unión, el punto de encuentro.
Esto es una equivocación fundamental, porque tanto el futuro como el pasado, sencillamente no existen, son solo proyecciones mentales. El tiempo es solo una idea, un pensamiento abstracto, un medio que utilizamos para fines prácticos, (para organizar y entender intelectualmente la vida), lo importante es no confundir el medio con la realidad.

La experiencia solo existe en este único momento en que es sentida, es decir en el momento presente, el aquí y ahora. Aunque esto pueda parecer muy obvio, es una realidad que no admitimos, puesto que normalmente estamos tan ocupados con el pasado y el futuro que ignoramos lo único que realmente importa y existe, el momento presente. Estamos tan ocupados intentando mejorar nuestra vida, que nos olvidamos de vivirla y de este modo vivimos como si nunca fuésemos a morir y morimos como si nunca hubiésemos vivido.

El maestro Eckhart lo describe magistralmente en el siguiente texto: “El tiempo es lo que impide que la luz penetre en nosotros. No hay mayor obstáculo a Dios (conciencia despierta) que el tiempo.”

Vivimos en esta equivocación, que nos conduce directamente a la autofrustración y sufrimiento. Sufrimos añorando o lamentándonos del pasado o vivimos en una proyección de un futuro mejor, e incluso podemos tener miedo de lo que nos pueda pasar en ese supuesto futuro. Vivimos sin vivir, en un  mundo inventado, y así nos escapa la plenitud de la vida.
Sin tiempo no hay sufrimiento. Nos hemos perdido en el laberinto de los pensamientos y vivimos recluidos en una cárcel mental.

  “Las rosas que están bajo mis ventanas no señalan a las rosas anteriores o a rosas mejores; son las que son y existen hoy en Dios (en el Ser). No conocen ningún tiempo.
  Las rosas simplemente están ahí, y son en cada instante de su existencia absolutamente perfectas.  Pero el ser humano se recuerda y aplaza, no vive en la presencia, mira atrás quejándose sobre el pasado o imaginando (ignorando la abundancia del presente) un futuro mejor. No puede vivir feliz y fuerte, hasta que no aprende a vivir con la naturaleza en la presencia - mas allá del tiempo.”

Con este texto, Ralph Waldo Emerson describe perfectamente como nos hemos alejado de lo único que es real.

Cuando comprendemos que solo existe el eterno momento, sin tiempo, donde todo es sanado, el Conocimiento de Uno Mismo brota de forma natural desde nuestro interior hacia el mundo, las limitaciones se disuelven y nos damos cuenta que no hay nada detrás o adelante de nosotros, solo el infinito y vasto espacio del momento presente.
                                              Somos el momento presente.
                                                                            Karsten Ramser.