SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

domingo, 12 de febrero de 2017

Despertar del sueño



Mientras vivimos en el sueño de la identificación, nos valemos de los sentidos físicos para percibir de manera limitada lo Real.

Nuestra existencia se arma con recuerdos del pasado, experiencias que hemos tenido, deseos, temores… vivimos atrapados en el tiempo, sin permitirnos funcionar naturalmente, perdiéndonos valiosos mensajes de nuestro cuerpo por no estar atentos, en el presente, en el ahora.

Vivimos de una manera mecánica, condicionada, y todo lo complicamos actuando compulsivamente, de manera reactiva, y creemos que eso es la realidad.

Mientras estoy identificado con lo que creo ser, no puedo elegir las respuestas más adecuadas, saludables a la situación porque sale lo automático, lo impulsivo, lo mecánico, por la fuerza del condicionamiento; y es que el pasado está tiñendo el presente, proyectándose en un futuro ilusorio, supuestamente mejor…

Todo cambia cuando suelto el tiempo psicológico y me instalo en el presente, viviendo momento a momento, vigilando, observando lo que pasa en mi mente y soltándolo. Observando los mecanismos reactivos que se ponen en marcha ante los estímulos externos, dándome cuenta que sólo son programas con los que venimos funcionando durante muchos años…

Al despertar, expresamos en muestra vida los valores del ser surgiendo la acción de manera espontánea, inspirada (no teñida por las emociones y pensamientos que se mueven en la superficie) independientemente de lo que acontezca, en una actitud contemplativa.

El despertar nos lleva a mirar la verdad directamente, descubriendo la inteligencia, la belleza, la energía y el amor que soy, la Realidad, ese potencial en vías de actualización, atestiguando todo lo que acontece desde la conciencia.

Una vez descubierta la Verdad, debo mantenerme allí donde la he visto, si quiero que ilumine mi vida, como un faro que alumbra el camino del navegante en la oscuridad del océano.

Cuando me despisto, me distraigo, se trata de observar esa distracción y volver a la contemplación con una actitud amorosa, para ello debo de tener una vocación por vivir desde la verdad y estar “vigilante” para darme cuenta. Mantenerme atenta a la luz que soy en lo profundo.

Luego que se va haciendo el camino, ese estado de lucidez se mantiene sin esfuerzo, lo mantiene la luz, y, al estar despierta, más lucidez, paz, alegría, espontaneidad y amor sin causa sentiré.

Para despertar a la Verdad es imprescindible hacer silencio de lo pensado, sentido, soñado, imaginado; un camino de soledad y silencio hacia el sí mismo, adentrándose en la aventura del descubrir.

Lo que nos separa de la Realidad es la mente entretenida con sus imaginaciones y sueños, se trata entonces de “girar” la mente y mirar hacia adentro, hacia la luz, y a partir de esa mirada despierta, el amor surge espontáneo inevitablemente.

                                                                                   www.centroelim.org

Vivir con Lucidez



“Cualquier aventura palidece hasta diluirse comparada con la belleza del despertar a la lucidez.”


Estar lúcida es abandonar la distracción de las imágenes, percepciones de los sentidos, pensamientos, palabras, soltar las creencias, los deseos, los miedos, para conectar con el silencio lúcido, con el darme cuenta de los errores y fantasías de la mente.

Estar lúcida es soltar toda forma particular, es no necesitar que las cosas, personas, sean de una manera o de otra, es no esperar un resultado concreto, es hacerme responsable de mi vida sin culpar a los demás, ni a las circunstancias de lo que me sucede.

Estar lúcida es estar consciente de la verdad, de que todo es como es, que la felicidad no me la puede dar ni quitar nada del “exterior”, que no puedo cambiar a nadie y que todo lo que me sucede colabora a mi despertar, a mantener la lucidez, y comprender que las cosas no ocurren por azar, que todo está perfectamente diseñado por una inteligencia superior de la cual formo parte.

Estar lúcida es liberarme del sufrimiento, aceptar que en el mundo de las formas todo es dual, esa dualidad forma parte de la vida fenoménica (la mente es la que crea esa dualidad y la proyecta en el mundo), y que soy mucho más que ella; es desapegarme y comprender la verdad más allá que las situaciones sean favorables o desfavorables (es la mente la que las etiqueta, en sí mismas, las situaciones son neutras), comprendiendo que en todo funciona un orden superior, la inteligencia de la vida, que es la que actúa a través de todo lo que existe.

Mediante la lucidez comprendo que soy libertad, amor, paz, alegría, plenitud que no depende de las condiciones externas, soy conciencia, el Ser.

La vida es como una película y cada uno de nosotros los actores, cada cual interpreta el papel que le corresponde, la inteligencia superior “asigna” los papeles a cada personaje para que desarrolle su argumento, pero sin confundir que solo estamos interpretando un papel, que no somos el personaje, que somos el actor, el ser, que mi identidad está más allá de los sentidos, de las proyecciones, de lo que sucede en el existir.

Todo lo que me sucede es para ver, descubrir y comprender, todo es adecuado, más allá del “bien” y del “mal”, y todo me abre cada vez más a la lucidez. Una gran aventura: el despertar de la conciencia.

                                                                          www.centroelim.org

jueves, 2 de febrero de 2017

Inspiración



Cada paso que da un buscador, sea cual sea la dirección, es un paso hacia Dios.   Anónimo.

¿Acaso alguien puede decir que no está buscando la felicidad en nombre de los mil y un anhelos?
Tal vez, el objetivo se llame ganar dinero, lograr el trabajo que nos gusta y crear una buena familia. Pero tras las apariencias, lo que uno está buscando, "zanahoria tras zanahoria", es un estado mental de paz y plenitud desde el que poder navegar por la existencia.

Detrás de las cosas que aspiramos lograr y por más nombres que demos a lo que se desea, lo que en realidad buscamos es un estado mental gozoso que se supone experimentaremos con la tenencia de dicha cosa. 
La felicidad es un anhelo que, con el paso del tiempo, pasa de una cosa a otra. Y así como para un niño la felicidad es una tonelada de caramelos, para un adulto la felicidad puede consistir en el logro de sus objetivos y el afecto familiar y social de su propia excelencia. Para un ser más avanzado, las cosas todavía son más simples y relativas, ya que lo que se llama "felicidad" no supone tener esto o aquello, sino vivirse en una mente lúcida y con la conciencia despierta.

Uno sabe que la vida se dirige hacia alguna parte, aunque lo haga como extraña espiral que asciende y da vueltas. Y así como la semilla avanza y se despliega hasta crear el bosque, de la misma forma, el uno mismo se amplía y revela hacia su infinita esencia. 
El final del camino conlleva el reconocimiento de que somos Totalidad desde la que brotan -mil y un- brazos dimensionales que se mueven y bailan. Y al igual que un holograma, por más partes en las que uno mismo se reconozca y divida, cada parte seguirá siendo todo-el-diseño en esencia.

Detrás de lo que intuimos como felicidad está lo que para cada uno significa la palabra Dios. Una realidad meta-histórica, cuyo término todavía no ha sido totalmente separado de las religiones y las iglesias. Muchas personas han trascendido el mito que subyace tras las creencias religiosas y con ello, también han secuestrado el concepto de Dios concebido por cada una de ellas. Sin embargo, El Espíritu sobrevive en lo profundo de la consciencia, no ya como aquella entidad super-humana, sino como estado de Totalidad e Infinitud que todo lo abarca. En este sentido, cada paso que damos, buscando las mil y una formas de ser felices, nos demos cuenta o no, se dirige a la reintegración con la esencia.

Muchos pequeños pasos llenos de anhelo forman la vida que fluye desde el sueño pre-consciente de la especie, hasta el total despertar. El buscador descubre que la felicidad es encontrar un estado de LuzAmor que, sin saberlo, se buscaba. En realidad, lo que durante milenios hemos llamado "Dios", es un estado de conciencia.

Todos los radios de la rueda llevan al centro, decía Lao Tsé hace ya cuatro mil años. Cada paso que damos en los múltiples caminos supone un avance hacia la madurez personal y la auto-consciencia. Y aunque la vida, a veces, parezca que va hacia atrás y se estanca, en realidad, no retrocede, sino a la paz del Universo siempre se expande y avanza. 
El alumno será más sabio que el profesor y los hijos darán un paso más allá que los padres. Todos los caminos llevan a la supraconciencia, un estado que si no se tiene la Gracia de alcanzarlo en vida, será la muerte, la que como tránsito final posibilite la completitud que disuelve el yo en la reintegración mayor de la "vuelta a casa"
                                                                                                                       JM.Doria.


domingo, 25 de diciembre de 2016

Serenidad


Universo, dame serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Coraje para cambiar aquellas que sí puedo. Y sabiduría para reconocer la diferencia.  Oración de Alcohólicos Anónimos.

Si una parte de nuestra actual vida está tiranizada por alguna clase de dependencia y no vemos todavía la forma de resolver tal atadura, recordemos que el Universo cuenta con depósitos de serenidad infinita para toda mente que lo precisa y convoca. 

Si una parte de uno mismo se siente esclavizada por cualquier tipo de adicción, deberá aprender a encajar la consiguiente frustración una y mil veces, aceptando la desdicha pasajera. 

Y si uno cree "necesitar" una relación o sustancia que intoxica o bien una determinada conducta que nos deteriora, no dudemos y confiemos que un Principio de Orden Superior, proporcionará las circunstancias idóneas para liberarnos de la cadena. 
Mientras tanto, indaguemos en la enseñanza de las luces y sombras que tales dependencias conllevan. Poco a poco comprobaremos que estamos tapando otras cosas a través de lo que nos ata.

Si uno se pregunta, "¿por qué arrastro esta cadena?". Tal vez intuya que todavía no es el tiempo de la respuesta. Tan sólo confiar y seguir adelante con esa "cruz a cuestas", mientras algo cambia día a día en lo más hondo de la consciencia. Nada es estéril, ni siquiera la conducta que uno critica y rechaza.

El Universo se expande a formidables velocidades. Nada va hacia atrás, ni tan siquiera las aguas profundas de nuestro río, aunque, a veces, parezca que no avanzan. De pronto, llega un día en el que suena un teléfono, sucede un imprevisto o simplemente llaman a la puerta… Ha ocurrido algo extraordinario que altera el viejo orden. Se trata de algo que, con apariencia de inocente, revoluciona sutilmente todas las cosas. Ante estas circunstancias, uno siente llegado su momento. Sabe que ha tocado fondo. Ahora en su vida se borran viejos dibujos mientras algo nuevo nace y se reorienta.

De la misma forma le pasa al joven Río cuando fluye por vez primera. Sus aguas descienden de las montañas creando el cauce a su paso y buscando los senderos de menor resistencia. Pasado un tiempo en el que el Río está más crecido, sucede que tropieza con un pozo o simplemente llega hasta una hondonada de piedra. 

De pronto, siente que su marcha se detiene y que su avance e ilusiones se pierden y estancan. Pasan los días, mientras el Río aparentemente estancado, se vacía de sueños y de anhelos aceptando su vulgar destino, su rutina y la frustración de sentir que en su vida no pasa nada. 

Sin embargo, sin él saberlo, la fuerza vital de la corriente aumenta cada minuto hasta llegar al borde de la muralla. De pronto, amanece un día en el que, sin esfuerzo alguno, se supera el obstáculo y fácil, muy fácilmente y sin esfuerzo, todo refluye chispeante hacia nuevas tierras y experiencias.

Los estancamientos son aparentes. La experiencia de esclavitud hacia sustancias, personas o acciones que nos dañan y destruyen, a menudo, también aportan otros beneficios ocultos de aprendizaje y consciencia. Más tarde, la vida llama al Gran Cambio y nos implica en una revolución silenciosa.

 El recién nacido brota más lúcido ante la nueva vida que lo acoge y lo apoya. Uno bien sabe que la conquista de la sabiduría señala un fluir sutil por el filo de la navaja. 
El que se levanta aún es más grande que el que no enfrentó la caída.
Se trata de despertar el coraje cuando así la situación lo demanda. En cualquier caso, somos totalmente inocentes de experimentar ataduras cuya razón y oscuro sentido aún no se revelan. 
Finalmente, el Poder de lo Global, a través de sus líneas sinuosas, conduce al discernimiento y al despertar de la consciencia.

J.M.Doria

sábado, 17 de diciembre de 2016

Sobre la aceptacion


Aceptación no significa que deberíamos renunciar a toda tentativa de impedir que suceda aquello que no deseamos —como si eso fuera posible—. No estoy diciendo que deberíamos sentarnos tranquilamente y dejar que todo ocurra si podemos hacer algo al respecto. 

Nadie quiere que enfermen sus seres queridos, nadie quiere perder todos sus bienes o tener un accidente de coche, nadie quiere que su pareja le deje de improviso, ni que le agredan físicamente, pero son cosas que pasan. 

La vida no siempre se ajusta a nuestros planes. Incluso cuando tenemos la mejor de las intenciones; incluso cuando hacemos planes con la base mis solida posible, apelamos al pensamiento positivo, practicamos la oración e intentamos de buena fe manifestar nuestro destino; incluso cuando seguimos un camino espiritual y trabajamos en nuestra evolución, ocurren cosas que no habríamos elegido que ocurrieran, y se hace patente, una y otra vez, que, en última instancia, no tenemos control sobre esto a lo que llamamos vida. 

Incluso las personas a las que se ha considerado más iluminadas han terminado en una cama de hospital, con dolores terribles a causa de un tumor, pidiendo más morfina. 

Lo que trato de decir es que, si queremos ser verdaderamente libres, debemos hacer frente a esta realidad con los ojos bien abiertos. 

Debemos dejar de engañarnos, debemos apartarnos de las ensoñaciones y la esperanza, y decir la verdad sobre la vida tal como es. La gran libertad reside en admitir la verdad de este momento, por mucho que choque con nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestros planes. 

Lo que intento que entiendas es que, en definitiva, la propia realidad —no lo que nosotros pensamos sobre ella— es la que manda. 

Aceptación significa ver la realidad, ver las cosas como son realmente, y no como esperamos o deseamos que sean. Y, desde ese lugar de alineamiento total con lo que es, toda acción creativa, afable e inteligente fluye con naturalidad. 

Juzgamos la vida constantemente. Suceden cosas, y a continuación las aprobamos o las desaprobamos. Las aceptamos o las rechazamos. Decimos: «No debería haber sucedido esto». Decimos: «La vida es mala», «La vida es buena», «La vida no tiene sentido» o «La vida es cruel». Decimos: «La vida siempre se porta bien conmigo» o: «La vida nunca me da lo que quiero». 

Pero la vida en sí llega antes que todas las etiquetas que le pongamos; llega antes que todos nuestros juicios sobre ella. La vida no puede ser buena ni mala. 

La vida es simplemente la vida, que toma la apariencia de todo cuanto hay, de lo que llamamos positivo y de lo que llamamos negativo. 

La vida «hace que el sol brille sobre los buenos y los malos por igual», como dice la Biblia. La vida hace que el sol brille, y la vida es el sol que brilla y todo aquello sobre lo que brilla el sol, incluido aquello sobre lo que preferiríamos que el sol no brillara. 

Desde un lugar de profunda aceptación de la manera en que son las cosas —por haber visto la perfección inherente a la vida en sí—, seguimos siendo totalmente libres de hacer lo que sintamos el impulso de hacer: de ayudar a cambiar las cosas, a hacer del mundo un lugar más humano. 

La diferencia estriba en que nuestras acciones ya no provendrán de la suposición básica de que la realidad está estropeada y es necesario arreglarla, y, por debajo de eso, de la suposición de que cada uno de nosotros está separado de la vida. 

Cualquier movimiento que proceda del supuesto de que la vida es defectuosa no hará sino perpetuar la enfermedad que promete curar. 

El despertar no es el final del compromiso con la vida...; es solo el principio. Paradójicamente, cuando comprendemos lo perfecta que es la vida, cómo todo sucede exactamente cómo ha de suceder, nos sentimos más libres que nunca de salir al mundo y cambiar las cosas para mejor. 

Al ver lo perfecto que es alguien exactamente como es, eres más libre que nunca de ayudarle a ver con claridad lo que a sus ojos es imperfección. 

Tu acción ya no proviene del supuesto básico de que esa persona es una entidad defectuosa que es necesario reparar; ves que ya es un ser íntegro y, desde las profundidades de esa comprensión, le señalas el camino de vuelta a su integridad inherente. 

Enraizado en la integridad, eres libre de participar plenamente en la danza de la separación aparente. 

Cuando ya no intentas arreglar la vida, quizá puedas serle de gran ayuda a la vida. Cuando ya no intentas arreglar a los demás, quizá puedas ser para ellos una gran bendición. 

Tal vez la verdadera sanación se produce cuando dejas de interferir. Posiblemente lo que la vida necesite más que ninguna otra cosa sean personas que ya no ven problemas, sino que ven la inseparabilidad de sí mismos y el mundo, y que se implican plenamente en el mundo desde ese lugar de la más profunda aceptación. 

La más profunda aceptación de las cosas tal como son y el compromiso valiente con la vida son uno, por muy paradójico que le suene a la mente racional. 

Jeff Foster

viernes, 9 de diciembre de 2016

Un amor autentico desde dentro


No esperes una razón para amar.
No esperes el cuerpo perfecto, o los pensamientos perfectos, o el compañero perfecto, o el éxito perfecto, o el momento perfecto.

No estás buscando la ‘vida perfecta’, sino el abrazo perfecto a esta vida imperfecta, el abrazo a la presencia misma, el amor incondicional de esta historia de ‘mí’ sin resolver que nunca parece ir como lo planeaste, por lo menos no por mucho tiempo.

¡A veces las cosas parecen ir de lo mejor! Estás manifestando espléndidamente, tu vibración es alta, tu sueño está intacto.

Luego, un visitante inesperado irrumpe. Algo falla y se sale de lo que estaba planeado. Llega un diagnóstico. Una certeza se hace añicos. Un tropiezo o una caída. Un viejo sentimiento regresa, un temor, una duda, una sensación de haber sido abandonado por algo que jamás debió abandonarte.

La narrativa de ‘mi vida maravillosa’ se convierte en aire. Y te quedas con la vida en carne viva, una vez más. Sin protección, una vez más. Sin respuestas, una vez más. Sentimientos de fracaso, vergüenza; sin saber cómo vivir.


¿Ninguna razón para amar?

¡No, una razón para amar aún más profundamente!

Para acogerte a ti mismo en un abrazo mucho más profundo.

Para ponerte cara a cara con el decepcionado, con el abandonado, con el avergonzado, con el que se le ha roto el corazón.

Para mantenerlos cerca de ti, en la calidez de la presencia.

Para estar aquí y escuchar el canto de los pájaros, para acariciar la mañana mientras va surgiendo.

Para sentir el porrazo y la presión y el jaleo de la vida, donde estás, como estás, sin esperar.


No te has abandonado a ti mismo. Y esto lo cambia todo, incluso mientras todo cambia. Eres sumamente estable, aquí en el ojo del huracán, inquebrantable mientras todo se viene abajo.

Sé ese abrazo, nunca esperando amor, sino amando, incluso cuando te sientas rechazado o no amado.

Esto romperá el ciclo de abandono de una vez por todas. Y todo el dinero del mundo, todo el éxito, toda la fama, todas las respuestas, todas las ‘validaciones’ o ‘perfecciones’ externas no podrán tocar este amor divino.

Es tan puro, tan libre, tan auténtico. Es tú, ya no impulsado por el miedo.


 Jeff Foster











viernes, 30 de septiembre de 2016

Ecuanimidad



Desapego es soltar lo viejo sin que lo nuevo haya llegado aún.
                                                                                                    Nisargadatta

Nos encontramos en crisis cuando sentimos caducados nuestros modelos mentales y todavía no tenemos claro cómo serán los nuevos. El programa de pensamiento que hace años resolvió nuestra vida y que, incluso, fue bienvenido en su instalación y puesta en marcha, también tiene su momento de caducidad y decadencia. Cuando un modelo de vida llega a su declive, comenzamos a experimentar un "vivir de manera plana", sin el chispazo de creatividad y sin ese sentir de que todo encaja. Atravesar este espacio de tránsito entre el final de lo viejo y el comienzo de lo nuevo, es tarea delicada. Son momentos de confusión que, a menudo, remueven emociones dolorosas, antiguas y tapadas. Y sucede que ante la muerte del viejo programa y la emergencia de lo nuevo, lo que realmente alumbra el túnel de acceso, es poner conciencia y respirar el dolor almacenado de las viejas sombras que enturbian nuestra calma.

En tales momentos, soltar es una idea clave. Dejar partir y caminar muy atentos por el filo de la navaja. Son tiempos en los que el cada día tan sólo da oxígeno para el momento inmediato y para resolver las pequeñas cosas. Sucede que tan sólo el hecho de darse cuenta de lo que pasa, ofrece claves para acelerar agonías y levantar la cortina de unas pupilas que todavía tenemos medio cerradas. Son tiempos de avanzar casi a oscuras, atentos a cada paso que, por pequeño que sea, disuelve ansiedades y pincha memorias virtuales y pasadas.

La libertad, tal vez, no está en romper relaciones con ésta o aquélla persona que nos incomoda. La libertad comienza por soltar dentro de uno mismo, y más tarde, cuando logramos que la conducta de dicha persona no nos afecte, todo cambia, ella sola se retira, se muere o simplemente la trasladan a otra tierra. La naturaleza es sabia y cuando toca renovar las hojas del otoño, soplan suaves brisas que las separan de las ramas. La vida entonces se renueva y la mirada se ensancha. Para desapegar los hilos dependientes que un día hemos tejido con otras personas y convertirlos en relación independiente y sana, pasaremos por soltar dependencias y fluir por al abismo del presente, atestiguando lo que pasa.

La libertad comienza por observar a la mente que piensa, experimentando que el veedor no es lo visto y que la identidad Real del sí mismo no es la mente que piensa, sino más bien la consciencia que la observa. El ojo no se ve a sí mismo, y si el yo es capaz de darse cuenta del pensamiento, es que el pensamiento no es el yo, sino del yo, de la misma forma que pueda ser "mi" chaqueta. Para despegarnos de la mente egoica, primero hay que abrir ese Ojo que ve el propio discurrir de las ideas y atestiguar el proceso que éstas siguen cuando brotan y se asocian.

Como dijo el sabio: Ábranse a lo nuevo, amigos, y detengan las suposiciones que, en realidad, no son más que memorias pasadas. Tal vez nos aguardan experiencias que creíamos deseables pero todavía imposibles, vivencias que para llegar, tan sólo requieren que ustedes se suelten y se abran. Permitan entrar al destino que, cada día, co-creamos con nuestros pensamientos e intuiciones maravillosas. Déjense abrazar por El Espíritu, y hoy, en algún minuto de la jornada, levanten el corazón al cielo y respiren esperanza.

En realidad, lo viejo se desprende mientras lo nuevo avanza. La eternidad aguarda para hacernos libres del tiempo, para recobrar la Unidad perdida y observar la sonrisa del alma.


J. M. Doria